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Texto: Paco Salas. Fotos: José Rojas.
Tremenda expectación la que había en Pirineos Sur por la visita del maestro Paco de Lucia. Las entradas agotadas desde hacia tiempo y los del gabinete de prensa del festival haciendo encajes de bolillos para ser amables con toda la tropa que se quería acreditar a ultima hora y ya no podía ser, pues sabían que no cabria un alfiler. Y así fue.
A toro pasado le preguntamos a Luis Calvo, director del festival, si alguna vez se había llenado el recinto tanto y nos dijo que hace unos años con Alpha Blondy y mal tiempo, paso algo parecido. Pero lo de Paco siempre es especial, pues arremolina en torno suyo a gentes de todo tipo y condición que entregan la cuchara a la primera nota del artista, y a partir de ahí: la gloria. Si Camarón de la Isla era el rey para los gitanos, Paco de Lucia es el dios para los flamencos y los no flamencos, para tirios y troyanos, o sea, un fenómeno musical de otra galaxia que te emboba hasta que se te cae la baba.
 Ya en la prueba de sonido se barruntaba lo que pasaría horas después: la gente se acercaba a los alrededores del escenario flotante de Lanuza en piraguas, para ver lo que se cocía allí. Un helicóptero de TVE roneaba por los cielos y Paco bromeaba diciendo ¡ aquí viene el Guadiana!, mientras que los fotógrafos hacían su trabajo medio mosqueados, pues los habían. Convocado a las seis de la tarde y los artistas aparecieron pasadas las siete y media.
Con el recinto hasta la bandera y la gente inquieta, las palmeras que había pedido el maestro para el fondo del escenario se balanceaban suavemente con la brisa pirenaica, anunciándonos lo que se nos venia encima. Y salio Paco de Lucia con su guitarra para abrir la noche por rondeñas. A estas alturas ya no se oía ni una mosca, solo se veían caras alucinadas de gentes atravesadas literalmente por las notas que salían de su guitarra. El de Algeciras noto a la primera la entrega del personal y empezó a repartir cera flamenca a diestro y siniestro.
Venia a presentar su ultimo trabajo discográfico "Cositas buenas" y se paso las dos horas dejándonos buenas cositas de ahora y de antes. Apareció con el grupo nuevo: Duquende, Montse Cortes y La Tana (al cante), Niño Josele (guitarra), El Piraña (percusión), Alain Pérez (bajo eléctrico) y Antonio Serrano (armónica y teclados), grupo de corte mas flamenco que el anterior (si cabe), donde se le da mas importancia al cante, pero que como es normal tendrá que rodarse poco a poco con el maestro, para lograr el ensamblaje musical que requiere estar acompañando a un fenómeno de esta naturaleza. Y esto no es ninguna pega, que quede claro, pero a los que hemos seguido durante dos décadas a Jorge Pardo, Carles Benavent, Rubén Dantas, Pepe de Lucia y Ramón de Algeciras acompañando y arropando a Paco de Lucia en ese sexteto único que se comió al mundo, nos cuesta trabajo ver otra cosa. Pero han cambiado los tiempos y Paco se ha rodeado de un puñado de artistas de primer nivel también, que con seguridad le seguirán dando días de gloria al flamenco y al maestro de Algeciras.
Musicalmente se paseó por muchos palos, unos evidentes y otros mas apretaos, haciendo de cada uno de ellos una pequeña obra de arte, porque de esas manos y de esa cabeza solo salen cositas buenas que en esta noche mágica de Pirineos Sur se desparramaron ardientemente por el auditorio de Lanuza, que como me duele la boca de decir, tiene algo especial que hace a los artistas y al publico rozar el cielo al compás cuando se suben a su escenario flotante una constelación de estrellas como la que saboreamos esa noche. El duende flamenco del brujo Paco de Lucia paso por Lanuza y arraso. |
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