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Saaba en el polideportivo de Sallent |
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Texto: Paco Salas. Fotos: José Rojas.
"SAABA"- BURQUINA FASO.
Llegamos a Sallent de Gàllego pasado el ecuador de la semana dedicada al Sahel. Veníamos de Priego , donde llegamos para una tarde y echamos día y medio. Si hubiéramos estado un día más, habríamos acabado empadronándonos, pues entre el curso "Poesía y Poder", las gentes del curso y las gentes que nos atendieron, se produjo un efecto difícil de explicar y que te pasa pocas veces en la vida: un torrente de sensaciones placenteras de ida y vuelta(como los cantes) que te iban atrapando conforme pasaban los minutos. Pero eso lo explicamos en la información específica que tenemos sobre este curso tan puntero en un sitio tan mágico.
Ya en Pirineos Sur, asistimos a la segunda actuación de un grupo de Burkina Faso, que se desarrolló en el polideportivo de Sallent (que suple a la carpa de todos los años en el mercado del mundo). Lo primero que me llamó la atención(uno es así) y sobre lo que bromeamos, era como se llamaría el país cuando nacieron los componentes del grupo, porque recordemos que fue en su momento Dahomei, después Alto Volta y ahora Burkina Faso, por mor del imperio, las revueltas y los que hacen los mapas con escuadra y cartabón.
Esta formación originaria de Koudougou (en el país mossi) se llama Saaba y es una de las mejores bandas de música y baile tradicional de Burkina Faso: ofrece conciertos-espectáculo y parte de sus ingresos los dedica a la asociación Benebnooma, que gestiona un centro de formación inicial y permanente dedicado a niños y jóvenes de los medios desfavorecidos y excluidos del sistema escolar convencional. O sea, música y danza con fines sociales, arte comprometido con la realidad de su pueblo, tambores y acrobacias contra la miseria y a favor del futuro de África. La base del espectáculo está sostenida por tres percusionistas que no paran en todo el rato, y una serie de danzarines y danzarinas que aparecen y desaparecen del escenario, montando sus números de caza, rituales de su tribu y una serie de roneos amorosos, que deben ser los que utilizan los burkinabeses cuando se meten en materia: cuerpos duros, piruetas inverosímiles, mucho color y mucho calor en este espectáculo, que si bien musicalmente es un poco repetitivo, visualmente es acojonante.
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