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por Francisco Rodríguez Criado (*)
Ellis ya no es el jovenzuelo de Menos que
cero, novela que le hizo famoso cuando sólo
tenía dieciocho años y aún estudiaba en el
Instituto. Pero es cierto que han pasado los años
y sus libros (American Psyco, Glamourama, Las
leyes de la atracción) siguen destilando
juventud.
Los confidentes es otra historia Ellis, no
cabe duda: sexo, drogas, desarraigo
familiar... Sin presentaciones ni desenlace.
Sin apenas descripciones de los personajes o
del entorno físico. Sus protagonistas siguen
perteneciendo a la turbia aristocracia de Los
Ángeles; ricos y nihilistas, encuentran una
puerta abierta en el sadismo y la
promiscuidad, que les redime de sus
existencias banales.
En Los confidentes la mano del autor se
esconde una vez más en los diálogos vivaces
e iluminadores, marca de la casa. Y es que
Ellis es más un escritor expresivo que
reflexivo: prefiere que sea el lector quien
saque sus propias conclusiones. Esa pasividad
moral, paradójicamente, hace de él un autor
amoral ante un gran sector de la crítica, que
lo ha tachado de oportunista, quizá porque no
le perdonan su rechazo del modelo de los
grandes novelistas norteamericanos, como podrían
ser Faulkner o, hurgando en el pasado,
Melville o Hawthorne. Ellis tomó otro camino,
el del realismo sucio, que no rinde culto a
las alharacas estilísticas ni a la ortodoxia
temática.
Me recuerda con esta novela a otro autor,
David Leavitt (más el Leavitt de Arkansas que
el de Mientras Inglaterra duerme, su novela de
madurez).
Seguirá la polémica: Ellis y sus
descripciones de la América más cruel y
caprichosa tienen cuerda para rato. Por el
momento, Los confidentes, hiperrealista, polémica
y con una estructura fragmentaria, hará las
delicias del lector que busca morbo y evasión.
Francisco Rodríguez Criado (morris-van@wanadoo.es)
es autor de dos libros: Sopa de pescado (2001,
ERE) y Los Bustamante, una familia del siglo
XX (2001, Editora de la Diputación de
Badajoz).
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