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EE.UU.
Director: Stephen Sommers
Intérpretes: Hugh Jackman, Kate Beckinsale,
Richard Roxburgh y Elena Anaya
No nos engañemos, La momia y su continuación eran bodrios insufribles nacido de las variantes fantásticas de la serie B cincuentona y del intento más que válido de Spielberg por resucitar la aventura como género de masas. Estos engendros están destinados a un público poco exigente que tan sólo pide acción a raudales, algo de humor, una boba historia romántica y un buen puñado de efectos digitales (de los que se noten). Da igual que Stepehn Sommers fabrique un remake histórico o la compota monstruosa puesto que no variará el esquema y menos la forma. Todo es un sucio negocio que juega con la retina y cuece los cerebros de los espectadores, acostumbrados a esa dinámica. La narrativa cinematográfica es un elemento más serio, aunque muchos no se lo crean, como Sommers, que se ha atrevido a meter en un mismo paquete a Frankenstein, Drácula, Mister Hide o el hombre lobo para enfrentarse a Van Helsing.
Van Helsing es un serial de aventuras frenéticas, con demasiadas cosas que pasan y que no dejan un respiro al espectador. La historia no importa. Es lo de menos. Lo que interesa es que el plano tenga esplendor y que reluzca, aunque sea con efectos. La estética de cartón-piedra es cambiada por la computadora. Posiblemente tenga más planos con efectos digitales que aquellos que necesitan de la naturalidad para rodarlos. Nos podemos hacer una idea de lo artificioso del asunto, porque llamarle película es demasiado arriesgado.
Dominado por un guión pésimo, repleto de chistecitos sarcásticos y correveidiles sin parar, hace insoportable el desarrollo normal de la historia hasta convertirla en una payasada de grandes dimensiones. Conociendo el nivel de las consolas de vídeo juegos será difícil, dentro de unos meses, diferenciar el DVD de la película del propio juego. El cine se ha perdido y nos encontramos en manos de la tecnología, aunque se trate de una cinta de aventuras. Es el colmo de la preponderancia y de la artificiosidad. Un rosario de incongruencias sin sentido, una detrás de otra y sin orden alguno, en un rompecabezas que atrae tan sólo a aquellos que gusta de elementos fílmico inconexos, unidos por la trepidancia. Éxito asegurado. El cine ha caído en una espiral de tonterías que son anunciadas con indudable habilidad. Todo es pura publicidad.
Rafa Rus
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