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EE.UU.
Director: Robert Schwentke
Intérpretes: Jodie Foster, Peter Sarsgaard y Sean Bean
Vuelve Jodie Foster con un papel protagonista. La actriz, demasiado valorada por la Academia con dos Oscar antes de cumplir los treinta, había desaparecido del mapa de la escena para ejercer como madre. La vimos en un papel pequeño en Largo domingo de noviazgo, y ahora surge para protagonizar Plan de vuelo: Desaparecida. Foster, que lleva en el negocio desde que tenía siete años, se pone en el pellejo de una madre a quien le desparece su hija en pleno vuelo. Nadie le cree, nadie la ha visto, pero la intriga llega más allá y tendrá que enfrentarse al desconocimiento y, como no, a unos malvados que quieren hacerle daño a ella y a su retoño.
Plan de vuelo: Desaparecida parte desde una situación claustrofóbica de encierro en el interior de un espacio reducido como es un avión. Lo que debería ser una película de suspense sin artificios, utilizando elementos estrictamente cinematográficos, se convierte en un postizo por su estética estandarizada. Generado por un guión que se basa en un suspense in crescendo, enredando cada vez más una situación que tiene poco que contar, la fabricación de la claustrofobia es totalmente artificial, producto de un argumento rocambolesco.
No se consigue la tensión que necesita en el filme y la historia se vuelve algo previsible. Se trata de trazos sueltos sin ligazón que llegan a desesperar en busca de un final que sin emoción y con una endeble credibilidad. El excesivo diseño del film lo hace demasiado frío, con dosis de drama y suspense de forma incontrolable, sin ninguna fuerza ni tensión. Ni tan siquiera Jodie Foster puede ejercer su buen hacer como actriz y se pasa la película temblando. Es su floja vuelta a la gran pantalla, pero se lo puede permitir: está en un pedestal ya pasarán muchos años hasta su caída.
Rafa Rus
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