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Director: Cameron Crowe
Intérpretes: Orlando Bloom, Kirsten Dunst, Susan Sarandon, Jessica Biel y Alec Baldwin
La biografía de Cameron Crowe, un precoz aficionado a la música que ejerció en calidad de crítico de la prestigiosa revista Rolling Stone, está llena de atracción y repulsa. Su cine no deja de ser ramplón a pesar de querer diferenciarse de los demás. Pero ha marcado una de las páginas más brillantes del cine al escribir Conversaciones con Billy Wilder, un estudio del ilustre director a través de entrevistas. Crowe se ha convertido en un director mentiroso que intenta engañarnos con productos diferenciados, pero en realidad forman parte de la industria. En Elizabethtown intenta emular a una de esas películas independientes donde los locos se encuentran en un pueblo de chiflados y se enamoran.
Crowe entra de lleno en las entrañas de la América profunda, pero lo hace desde una forma ligera, sin mostrar ninguna agresión visual y centrándose en una historia romántica ñoña que muestra el mundillo con demasiada limpieza. A pesar de contar situaciones con cierta ironía, el director pincha en su contenido y se enrolla dentro de un argumento suavón del que no quiere salir. Ni punto de comparación con esas muestras independientes que intentan retomar el cine de Hal Ashby y los setenta.
Cameron Crowe enfoca el film como la caída y recuperación, a través de la simplicidad del corazón de Estados Unidos, de un joven fracasado, pero lo hace con un estilo ramplón y soso, sin hurgar por las llagas de unos personajes que deberían sentir y no se les nota. Carece de riesgo y llega a caer en la ramplonería al presentarnos a una Susan Sarandon alocada y bailarina. Si nos situamos dentro de la modestia cinematográfica y partimos con el beneplácito industrial no conseguiremos adentrar en un mundo o en otro. Crowe sigue engañándonos. Lo hizo en Jerry Maguire y en Casi famosos. Ahora lo vuelve a repetir en Elizabethtown.
Rafa Rus
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