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EE.UU.
Director: Scott Derrickson
Intérpretes: Laura Linney, Tom Wilkinson y Campbell Scott
Ya podemos considerar que hay un subgénero de exorcismo dentro de la historia del cine. Desde que William Friedkin confió en el impacto terrorífico de las imágenes, basándose en la truculencia de los efectos especiales, para hacer El exorcista, siempre ha estado presente en las películas de su especie. La moda del terror que invadieron las pantallas de final de siglo XX y que, desgraciadamente, llega hasta ahora, tomó como referencia este filme e, incluso, se ha permitido el lujo de realizar una infame precuela. Películas como La bendición o Poseídos beben directamente de este fuente. Como lo hace también El exorcismo de Emily Rose.
La novedad en este cinta parte de la mezcla entre cine judicial y el citado género. La estructura no es novedosa, contando la parte escabrosa en flash back justificados por el proceso legal. Incluso se permite el lujo de incluir una parte barata de interiorismo religioso con cambio desde el agnosticismo hasta el culto. Si bien la estructura narrativa no es nada novedosa, si lo es la mezcla de géneros. El exorcismo de Emily Rose está bien contada, narrada con altibajos para no cansar al espectador, sin excesivos aspavientos físicos que retuerzan al pagador de su asiento y, lo que es más importante, sin hacer un uso artificial de los efectos especiales, que sí sonoros.
El problema radica en el aspecto eminentemente industrial, sin salirse de una estética ya marcada en el cine de terror actual. El exorcismo de Emily Rose no es una panacea en el género, sino una correcta película que utiliza con habilidad sus elementos. Siendo el terror el género más vilipendiado hoy en día, es un éxito conseguir un estatus con un mínimo de interés. Vuelve ha utilizar la espectacularidad de las imágenes para poner los bellos de punta, pero lo hace con un mínimo de orden. Un oasis aceptable, sin pasarse, dentro de un océano de inutilidades y artificios.
Rafa Rus
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