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EE.UU. – Gran Bretaña
Director: Roland Suso Richter
Intérpretes: Ryan Phillippe, Stephen Rea,
Piper Perabo, Robert Sean Leonard y Sarah Polley
La memoria ha sido utilizada en todo momento por la historia del cine. Recuerda, de la mano de Hitchcock, es el ejemplo a seguir, siempre con el suspense como género. Las muestras han sido extensas. El despertar vuelve a incrustase en la memoria, en el pasado del enfermo con el que juega en un laberinto de intriga. Mira hacia atrás, utilizando la resolución del entuerto, descifrando el enigma de la cabeza del enfermo. Pero lo hace de una manera torpe, utilizando artificios narrativos y estilísticos que desencajan la película. La indefinida mente y el juego establecido de realidad y ficción dejan innumerables resquicios. Los diálogos y la carencia de modestia hacen que el cine sea más un ejercicio de montaje que de narración.
Un alargamiento y retorcimiento innecesario del argumento hacen que el filme sea insípido. Este thriller de suspense intenta jugar con el espectador, pero falta el elemento inquietante que le dé algo de tensión al nudo argumental. El despertar falla porque no se sabe por dónde camina. Una locura entre hospitales que no abre ningún camino nuevo de género, ni tan siquiera uno viejo. Bandazos cinematográficos, de parte de la industria, que no tiene posibilidades de generar un conjunto llamado película.
Los elementos no fabrican una exploración intrínseca del comportamiento humano y el suspense genera que los personajes siempre escondan algo para darle un giro. La indefinición de los mismos y la ambigüedad argumental impiden un desarrollo normativo de una historia mínimo. La cinta fracasa rotundamente por un guión farragoso, sin un rumbo aparente, con interpretaciones que se dejan desbarajustar. El despertar es un caos gracias a su estética cansina e innecesaria. El barroquismo es anticonvencional y, si el artificio domina, ya no existe ni el cine.
Rafa Rus
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