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Texto: Juan Jesús García.
Uno de los nombres que roza la leyenda y estaban por escucharse en Granada era el del organista James Taylor (no confundir con el cantautor californiano). Esta noche -24 de noviembre- en la Sala Tren junto a Domestic da contenido a la edición 2005 del Jazzworld.
Hace ya tres lustros que James Taylor comenzó a combinar con naturalidad y criterio el soul-funk, el jazz nocturno, el groove, con un espíritu revivalista y, a la vez, contemporáneo que no escapa a nada: sea la longe music, las bandas sonoras o el latin. No inventó el acid-jazz pero sí se ha convertido en este tiempo en su icono europeo más celebrado. Convertido primero en un referente de la escena mod, su apuesta triunfó en lo clubes durante los noventa y ahora es ya considerado como un clásico del groove más noctámbulo.
Como gratitud a su insobornable fidelidad al venerable modelo Hammond B3, la propia marca le concedió un insólito contrato de esponsorización. Antes de convertirse en uno de los buques insignias del jazz ácido, James Taylor lideró los Prisoners, banda garagera de inspiración mod que, en los primeros años ochenta, se dedicó a reivindicar el sonido de los Small Faces y la psicodelia de los Pink Floyd de Syd Barret.
En los últimos años, hemos visto a James Taylor participar en la banda sonora de Austin Powers, recopilar sus colaboraciones y trabajar con estrellas del pop como U2, Manic Street Preachers o Tom Jones. Recientemente, ha combinado su interés por las nuevas tendencias de la música de club (Bigger Picture) con obras de marcado sesgo revivalista, como el recopilatorio Swinging London.
Su último disco ‘Message from the godfather’, es un nuevo tratado de genuino jazz funk instrumental que ha coincidido con la edición de ‘Hammond-ology’ , doble antología, con 35 temas profusamente documentados, que resumen la trayectoria de este irreductible apóstol del groove.
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