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El compositor y teclista de origen alemán Henry Vincent Kneuer es un artista inquieto poco amigo de convencionalismos. Defensor de conceptos como la independencia y la autosuficiencia, durante muchos años ha volcado su música como paisajes sonoros sobre los que situar las imágenes de sus muchas peripecias viajeras; conciertos audiovisuales en los que todo era fruto de su creatividad, siempre rápida y en ocasiones hasta irreverente: unir el jazz con el reggae y traducir a ese lenguaje un inmortal como el Summertime sólo estaba al alcance de alguien como él.
En uno de aquellos viajes iniciáticos se tropezó con un ensimismado Keith Jarret tocando un piano en una tetería de Marrakesh, anécdota ésta que daría pie a una narración del escritor Antonio Muñoz Molina.
En 1993 grabó su primer álbum español, Bus trip, un acercamiento a los sonidos de fusión partiendo de la instrumentación que las novedades técnicas iban poniendo a su alcance. Posteriormente, parte una vez más, esta vez hacia Estados Unidos, donde graba su siguiente disco. Tras vivir en La Alpujarra y en Ronda a su regreso, este mismo año ha vuelto a grabar haciendo realidad su viejo ahelo de acercamiento a la música mediterránea, sea ésta el flamenco o los sonidos del Magreb.
Resulta paradójico para un músico autosuficiente que el disco lo firme con sus amigos, pero sin ellos Mediterranean Colours no hubiera sido posible. En él está la templaza veterana de Manuel Morales, la rítmica imprescindible en media Andalucía de Guillermo Morente y Julio Pérez, la percusiones con denominación de origen de El Moreno, El Cheyenne, Carlos Soler y Souhail Serghini, el aporte antillano de Julio Muñoz y Eric Sánchez , sin poder olvidarnos de dos protagonistas en esta exploración sonora de ambas orillas del Mare Nostrum, Pepe Justicia y Miguel Angel Corral a las guitarras.
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