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Este californiano de 1955 da su primer concierto a los catorce años inaugurando una trayectoria que se va a caracterizar por su incansable vocación de experimentación y su capacidad para adoptar todas las texturas musicales posibles.
Si aceptamos la definición que hace tiempo dio del jazz un conocido crítico como "el sonido de la sorpresa", hay que convenir en que Murray es uno de los músicos que mejor encarna ese poder de imprevisión.
No en vano es también considerado como el saxo tenor mejor documentado de la historia, sobre todo por parte de los japoneses, que le han editado multitud de discos en los últimos quince años.
La música de Murray supone una cierta fusión entre lo que podríamos considerar las corrientes free de los años 70 y el jazz clásico de Nueva Orleans. Tanto desde el punto de vista rítmico como armónico las propuestas de Murray son ciertamente rompedoras, con sus fraseos fuera de tiempo y sus disonancias.
Su última formación en octeto, con la que se presentó en el Festival de
Granada del año 2000, rinde homenaje a John Coltrane, que se plasma discográficamente en su The David Murray Octet Plays Trane, (Justin Time).
Murray llega a Trane después de un largo recorrido por otros muchos saxos, de Rollins a Webster o Gonzalves, y puede decirse que llega en el momento oportuno: su lectura dista de la mera recreación para presentarnos al Coltrane del siglo XXI, al Coltrane seguro de su camino y al Coltrane dubitativo, al Coltrane baladista y al de los ritmos frenéticos, al Coltrane blanco y al último tan radicalmente black.
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