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A finales de los sesenta y principios de los setenta conocimos a toda una generación de músicos excelentes en función de acompañantes de grandes estrellas de aquella época, tales como Miles Davis, John Coltrane, Oscar Peterson, Art Blakey, etc. Aquellos cachorros (Herbie Hancock, Freddie Hubbard, Mc Coy Tiner, Waine Shorter, entre otros) son hoy oficiales con mando en plaza y han sentado sin duda las bases por donde caminará el jazz venidero. Por eso es importante la vuelta a los escenarios de Freddie Hubbard -quien se había retirado lesionado y tal vez un poco cansado de la rutina de disco tras disco y concierto tras concierto-, pues el artista resume en sí una gran parte del jazz contemporáneo: desde los experimentos de la vanguardia como el Free jazz de Ornette Coleman o el Out to Lunch de Eric Dolphy hasta sus trabajos con Coltrane o los Jazz Mesengers ya citados.
Hubbard ha vuelto al estudio de grabación (New Color) y a la escena con una joven y excelente formación, el New Jazz Composer Octet que le permite sobrellevar la carga de un concierto para sus lastimados labios y músculos faciales y a la vez no abdicar de su estilo duro y veloz que alguien pudo calificar en su momento de "selvático" y que constituye sin duda la quintaesencia del hard bop. Un hard bop, eso sí, continuamente en evolución y puesto incesantemente al día con el telón de fondo de su indómito rugido. El octeto en este concierto actúa de manera que descargue a Hubbard del peso de una prolongada actuación y éste pueda circunscribirse a incisiones maestras, a puras descargas de energía en las que se reconocerá al gran artista que ha corrido y recorrido todos los estilos del jazz contemporáneo como uno de los grandes maestros de la trompeta.
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