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La irrupción hace años de la música y los músicos cubanos en el panorama internacional y su masiva implantación posterior en recitales, grabaciones, su repercusión cinematográfica (directa en Buenavista Social Club o Calle 54; indirecta como en Los reyes del Mambo, etc.) debería haber dado lugar a un lógico cansancio en el sufrido oído del aficionado finisecular. Si ello no ha sido así, si Bebo Valdés o Compay Segundo siguen paseando su música por los escenarios del mundo entero y llenando los teatros es algo que sólo se puede atribuir a la extraordinaria vitalidad y riqueza que tiene en la raíz esta música y al incomparable talento de la cantera de la que han surgido sus intérpretes.
Nadie duda que D'Rivera ha sido uno de los grandes estandartes de dicho movimiento y de los responsables de su implantación. Tras fundar en 1965 con Chucho Valdés la Orquesta Cubana de Música Moderna y posteriormente el grupo de fusión del jazz con el rock y la salsa que se llamó Irakere, con el que causa sensación en los festivales de Newport y Montreux (1978), se traslada a los EE.UU. bajo la férula entre otros importantes músicos del gran Gillespie. Allí comienza su colaboración con los mejores músicos y proyecta a su vez desde su grupo a otros cubanos como Arturo Sandoval, Roditi, Michel Camilo y rescata a Bebo Valdés. Graba con la Sinfónica de Londres bajo la dirección de Lalo Schifrin. y en 1995 por primera vez con el Caribbean Jazz Project; poco después gana el Grammy por Portraits of Cuba. Ha colaborado con Eddie Gomez, Mc Coy Tyner, Herbie Mann, Tito Puente, Astor Piazzolla, etc. y ha publicado sus memorias con el burlón (no podía ser de otro modo) título de Mi vida saxual.
Paquito D'Rivera es un viejo amigo del Festival de Jazz de Granada, en el que ha actuado en tres memorables ocasiones, una al frente de su propia formación y otras dos junto a los maestros de mejor recuerdo para el aficionado granadino: Tete Montoliu y Dizzi Gillespie.
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