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Texto y fotos: Juan Jesús García
La Casa Azul: ¡Qué tiempo tan feliz!
La Casa Azul, es la 'one-man-band' de Guille Milkyway, un barcelonés, antiguo alto ejecutivo que, apasionado del sunshine-pop, es capaz de poner en boca de todo el país un estribillo (‘Amo a Laura’) o presentarse a Eurovisión llegado el caso, y no salir… por la campaña en contra del lobby Buenafuente. También Guille fue el responsable de todo el repertorio del grupo fantasma Gominolas creado para la teleserie del mismo nombre. Nadie mejor que él para esa recreación del pop comercial de los ochenta porque es un verdadero experto en la versión pop de la historia de la música, sobre todo entre la franja de los sesenta y ochenta.
Siguiendo los patrones de la fantasía pop de los 60, para no estar solo tocando Guille ideó unos personajes a lo Archies que hacen como que tocan en sus videoclips y le acompañan proyectados en las pantallas escenario el haciéndose pasar por miembros automatizados. Su historia, la que vende rodeado de admirables proyecciones y acompañantes sincronizados y compra un efervescente grupo de clientes de todas las edades vistiendo sus mejores galas ‘ursulina pop fashion’ para la ocasión, es puro Bazookajoe sound, cien por cien chicle sabor a fresa tan dulce como elástico. Cierto que todo suena ya a oído, pero este gran reciclador, entre lo que toma prestado directamente, lo que añade de cosecha propia y su conocimiento exhaustivo del manual de estilo pop termina siendo encantador en su ¿ausencia? de pretensiones más allá del divertimiento instantáneo. Y con el curiosos montaje visual, el tiempo pasa rápidamente hasta mucho mas allá del tiempo reglamentario de los conciertos, para alborozo del medio millar de militantes pop, fans vocacionales o profesionales, insisto en el de todas las edades, desde púberes a más de cuarentone/as completamente detenidos en la adolescencia eterna, tanto por fuera como por dentro. Sin duda lectores que fueron todos del Superpop y su estética de inocencia de colores, falda de cuadros, calcetines blancos y felpa en la cabeza. Que tiempo tan feliz. No es de extrañar que en Japón flipen con Guille y su fantasía pop.
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