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Texto y fotos: Juan Jesús García
Corcobado: Sábado de pasión
Nada mejor para comenzar la semana santa que un concierto de Javier Corcobado, todo doliente pasión y arrebato de un genuino ecce homo de la emociones. Mejor en viernes santo, pero nada despreciable tampoco un sábado de dolores para ir entrando en materia.
Antes que él y en una semana donde el público no va a acompañar las mejores convocatorias por razones obvias, apareció Jesús Psicoactivo en referencia a otro (con Manía Stéreo) de sus proyectos. El alemán-madrileño- almeriense, aún lejano de la legendarias noches catárticas por aquí de hace años, cuando los Chatarreros por ejemplo (anoche el inquietante Justo Bagüeste no ejerció de bariotonista sino de espectador), mantiene intacto su carisma y magnetismo, y ha derivado hacia la garantía del profesionalismo sin aburguesar su sonido. Ciertamente, por ya conocido desde años ha dejado de ser tan sorprendente y su capacidad de trasgresión puede ser predecible, pero el que le adora lo hace con una adhesión inquebrantable (tiene fans ‘a morir’ como el artista pop más de consumo y el que le repudia lo hace con igual fuerza. Cosas que pasan con los artistas con exceso de personalidad. El resto ya tiene las radiofórmulas para buscar la felicidad en serie.
En esta ocasión Corcobado ha armado una banda más reducida con caras conocidas como las de Salvador Soto, Paula Grau (además pareja y portadista de su últimos disco) Jesús Alonso y Juan Tijeras en lugar del habitual Javier Arnal. Ajustado soporte para el material que se trataba de tocar, aparentemente el contenido en la antología ‘Canciones insolubles’ con pequeños añadidos, recientes en el caso de ‘Editor de sueños’ o tan remotos como Mar otra vez al cerrar recordando ‘Miercoles cercano al infierno’. Las citas a la trilogía ‘Tormenta de tormento’- ‘Ritmo de sangre’ y ‘Agrio beso’ fueron recurrentes y marcaron el techo de las diversas partes de su actuación, la primera sin pausa y más crujiente y borrascosa para ir cogiendo el tono; la segunda, pausada, variada, de perfil breliano y hasta bailable por momentos, para regresar abrazando la guitarra ‘tormenta’ a las cumbres decibélicas y explotar definitivamente con ‘La navaja automática de tu voz’ y ‘Dame un beso de cianuro’. Si Miles Davis escribió un disco cumbre del sigo pasado escuchando música de semana santa, estremece pensar las saetas que podría hacer Javier Corcobado.
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