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Oregón: preciosista y exquisito
El longevo y ya legendario grupo Oregón trajo el sábado 17 de noviembre al Festival de Granada un sonido que ha hecho historia en el jazz. El trío base formado por Ralph Towner, Paul McCandlees y Glen Moore, con el joven Mark Walker en las percusiones, hizo disfrutar con la belleza atemporal al público que asistió a la penúltima de las sesiones del programa central de este año. La muestra granadina está organizada por el Ayuntamiento de la ciudad, Cervezas Alhambra, Cajagranada y la Delegación de Cultura de la Junta, contando como entidad colaboradora con la Diputación Provincial.
Nacidos en los años setenta y con una carrera intermitente que llega hasta hoy, Oregón son el prototipo del jazz de vanguardia del sello ECM, donde la elegancia suprema y un cierto toque arty se establecieron como marca de la casa. Los miembros de este grupo, tanto solos como por separado, han influido en una larguísima relación de nombres posteriores que encontraron en ese esteticismo preciosista una vía de trabajo muy gratificante.
Towner y compañía siguen creando en cada una de sus actuaciones atmósferas inigualables, con delicados equilibrios entre lo escrito y lo improvisado, el jazz y las músicas de diferentes culturas, con un estilo propio e inconfundible lleno de matices. En este caso interpretaron un repertorio novedoso y con pocos recuerdos al pasado, ya que de sus números históricos, de esos que le suenan a todo el mundo porque han formado parte de todo tipo de sintonías sólo se pudo escuchar ‘Ecotropia’, ‘Green & Golden’ y sobre todo ‘Distant Hills’; el resto de lo que sonó era de producción reciente, tanto que una pieza fue improvisada sobre la marcha, precisamente un trabajo de repentización colectiva, entre ruidista y free, que contrastó con el supremo refinamiento y la elegancia de todo lo que hicieron.
En general largas piezas ambientalistas con la distinción de la conjunción perfecta entre la guitarra española (es un enamorado de la música tradicional y cortesana española) y los teclados de Towner y los clarinetes y oboes de McCandless, los dos ‘puntas’ del cuarteto. Músicas muy placenteras y casi terapéuticas que fueron recibidas de una forma muy receptiva por el público del teatro municipal Isabel la Católica, que se anotó otro lleno completo. Del grado de satisfacción del público quede el dato de que vendieron más de 200 ejemplares de los discos que trajeron para vender.
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