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Medeski, Martin and Wood: Energía en estado crudo
El trío formado por John Medeski, Chris Wood y Billy Martin son toda una sensación en el jazz contemporáneo, el punto medio entre pasado y futuro, entre vanguardia y sonido ‘vintage’, todo ello agitado con una enorme capacidad energética y servido con un gran ejercicio de virtuosismo. M.M.& W, como se les conoce, se presentaron en el Teatro Municipal Isabel la Católica dentro de la programación central del XXVIII Festival de jazz de Granada. La muestra granadina, una de las más veteranas del estado, está organizada por el Ayuntamiento de la ciudad, Cervezas Alhambra, Cajagranada y la Delegación de Cultura de la Junta, contando como entidad colaboradora con la Diputación Provincial.
Plantados en semicírculo en el escenario para verse las caras entre ellos, aparecieron rodeados de todo tipo de tecnología de museo, sobre todo el tecladista con un catálogo completo de instrumentos analógicos (wurtlitzer, hofner, moog, B-3, piano acústico…), el percusionista con cualquier cosa que hiciera algún tipo de ruido, y el bajista, más discreto, con bajo eléctrico y semicontrabajo acústico. Tras una salida en tromba con el tema ‘Baby Clam’ enlazado sin solución de continuidad con un homenaje en recuerdo del aniversario del fundador del afro-beat Fela Kuti. Un andanada de jazz, funk, rock y música electrónica en la línea de la retro-exhibición habitual en sus discos, con evocaciones a los sonidos de grupos como The Doors, Soft Machine e incluso los pasajes más galácticos de Eumir Deodato. Entre medias del volcánico discurso el grupo paró en secó para, a ritmo de un robusto blues de club cambiar el paso, para terminar en desenfreno en una improvisación colectiva próxima al freejazz de The Art Ensemble of Chicago. Sus capacidades individuales quedaron perfectamente demostradas a lo largo de casi dos horas de concierto, pero en esta formación que lleva junta quince años, la compenetración entre sus tres miembros es otra de sus característica elevada al nivel de recurso, en paradas de vértigo y arranques fortísimos en sincronía exacta.
Al igual que su música puede parecer excesiva para los amigos de la ortodoxia, lo suyo no deja de ser una planteamiento clásico pero en verdad muy altisonante. Así la mayoría del público supo entender su atlético ejercicio de facultades y pedir vivamente la prolongación del concierto, algo que ellos concedieron rompiendo el tempo de todo lo escuchado hasta ese momento, ya que se despidieron con una versión del ‘Hey Joe’ cargada de sensibilidad y lirismo y más cerca de la sensibilidad infecciosa de la Velvet que del explosivo Hendrix. Sorprendentes hasta el final.
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