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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Bill Bruford: Perfección formal.
El jazz y el blues fueron las fuentes de inspiración de muchos músicos ingleses de la generación de los sesenta, alimento básico que les permitió crecer y hacerse mundialmente famosos luego ya con la explosión global del rock. Desde los Rolling a Soft Machine o Bill Bruford. Nutrientes que dejaron huella y ocasionalmente han regresado a los originales, pero ya con una perspectiva distinta, es el caso del baterista de Yes, Génesis, Savoy Brown y King Crimson.
Bruford en Almuñécar presentó anteanoche, 18 de julio, la nueva formación de sus Earthworks, que incluía al bajista (que estuviera en su momento desde con Eric Clapton a Alan Parsons o Black Sabath) Laurence Cottle, al solvente saxofonista Iain Ballamy y al pianista Gwiym Simcock, aventajado joven músico de toque ágil y fresco que dio la sensación de estar por desarrollar. Un grupo con concepto de grupo para una música formalmente perfecta y de una belleza muy funcional. No es de extrañar que lo escuchado en jazz en la Costa gustara, daba la sensación de que estaba hecha para eso, para caer siempre bien en su exactitud de presentación formal carente de piruetas o desparrames. Concepto de organización musical, que hasta en detalles pequeños como tener un ‘setlist’ de gira viene desde la mecánica de trabajo del pop.

Así las cosas Earthworks funcionan como una máquina de precisión, impulsados desde la riqueza, variedad y sensibilidad de las baquetas de Bruford, apoyándose en un bajo grueso y hasta rudo en ocasiones para que el saxo, elegante con el tenor hasta recordar a Ben Webster, y un juguetón y nervioso pianista llevaran el principal peso solista.
Utilizando como programa el disco ‘Underground Orchestra’ Bruford y los suyos se aplicaron en un gustoso concierto muy fácil de escuchar, accesible y carente de todo tipo de audacia.
Con un sonido ya hecho y referenciable a mitad de los setenta que a estas alturas ya es un estándar, fabricaron pasajes muy emotivos con un forzado lirismo que sigue siendo efectivo a pesar de su desgaste. En todo, absolutamente en todo, justo lo contrario del concierto que la noche anterior diera en Jazz en la Costa Bill Frisell. El tema ‘Libreville’, de inspiración obviamente africana, lo utilizó para despedirse entre los aplausos del personal, levantando de sus sillas a los ‘buscautógrafos’ en cantidad de legión, paradójicamente con más discos de King Crimson y Yes que de Earthworks. Triste sino el del carretero que cantaba el otro.
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