|

Texto y fotos: Juan Jesús García.
Javier Vargas: El "Vargazo"
El tiempo parece haberle dado la razón y tras haber abandonado su posición aventajada de gregario de lujo por un incierto futuro de guitarrista de blues (y alrededores), la tenacidad y el empeño de Javier Vargas a ambos lados del charco le está permitiendo por fin ser un nombre que llena los locales donde actúa. Él, a cambio, se vacía en cada concierto, que con descanso puede acercarse a las tres horas, amortizando con creces su precio en taquilla. Sin la presencia de Los Tritones por el habitual "no me toques la batería que es mía", Vargas se puso a trabajar antes de las once de la noche y estuvo en el tajo hasta cerca de las dos de la mañana. Todo un ‘Vargazo’.
Tras su paso por ese fugaz y amigable combo que son (fueron) Espíritu Celeste, Vargas parece haberse reencontrado con su pasado roquero más setentero. No se nota tanto en su último disco ‘Love Union & Peace’, de titulo digno publicitariamente de cualquier macrofestival de época, pero en directo ha movido su espacio hacia el bluesrock duro y siempre resultón. En toda la noche caben sus instrumentales de cortinilla de televisión como ‘Buenos Aires blues’ sus robustas lecturas de Freddy King ‘Black Cat Boogie’ o su toque más santanero que el del propio Carlos en ‘Blues latino’, pero el grueso de sus lecturas le ofrecen optando al papel de guitar hero vacante aquí desde que Jaime Stinus se desintegró.
Sea por su colaboración con Jack Bruce o porque Cream se van a reunir de nuevo, el modelo rocoso y un punto psicodélico del trío le sirve a Vargas (aparte de para incluir algunas cosas de ellos en su programa) como estampa escénica en versión más higiénica. Ayuda lo suyo contar con un vocalista como Jorge Amularo, formalmente Dio y vocalmente con un metal próximo al de Paul Rodgers, esto es un tipo con un evidente currículo en el rock pesado y que terminaba de orientar hacia la aspereza el planteamiento del grupo.
Vargas dio la alternativa al guitarrista Antonio García en la recta final del concierto en la que demostró que se sabe todas las técnicas de digitación, como la colección de riffs que en la historia del rock han sido, rematando la faena con un ‘Roadhouse blues’ vía Doors y un rotundo ‘Born to be wild’ a modo de declaración de principios justo al final.
|