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Texto y fotos: Prensa Festival de Jazz de Granada.
Chano Domínguez triunfó en el Festival de Jazz de Granada
Chano Domínguez se presentó a piano solo en el penúltimo concierto de la XXV edición del festival de Jazz de Granada. El pianista gaditano tenía lleno el aforo del teatro Isabel desde hace medio mes y había verdadero interés por escuchar al músico andaluz de jazz más internacional.
Desde su participación en la Película de Fernando Trueba 'Calle 54', Chano ha internacionalizado definitivamente su carrera consiguiendo llenar también, por dos noches, el Lincoln Center neoyorkino incluso, haciéndose el valedor mundial ya del encuentro entre el jazz y el flamenco, un sendero por el que le siguen en la actualidad casi toda la tropa del jazz español.
Sin embargo en este concierto hubo más de jazz que de flamenco. Indudablemente el aire del Sur estuvo presente en toda la velada pero hasta los últimos minutos de actuación no se decidió por atacar una bulería de las que tan buenos resultados le han proporcionado. Sí en cambio pudimos disfrutar del Chano más inspirado en términos jazzísticos, ese exquisito músico que ha trasladado las lecciones de Thelonius Monk a las latitudes más meridionales.
Chano está en un momento de resaca de las grandes ejecuciones, si bien nunca ha sido un músico demasiado aparatoso, ahora menos está por la labor pirotécnica. Cada pulsación, cada nota, no son gratuitas y llevan por detrás todo un mundo de intenciones y un bagaje cada vez más enraizado en su propia historia musical y personal.

Por eso, y también en este caso por estar toreando toda la corrida solo, acudió a una formula que le es muy propia y de paso resulta infalible para conseguir la complicidad del pùblico: salpicar el repertorio de canciones populares, piezas que como 'El toro y la luna' o 'Gracias a la vida', "una de las canciones más bellas que se han escrito nunca en español" según dijo, todos tenemos grabadas en el recuerdo, consciente o no.
Y es ahí, revitalizando este cancionero popular, tumbándolo sobre el teclado e improvisando entre sus rendijas donde Chano ha conseguido una personalidad indiscutible y reconocible al instante. Dedicó una pieza a Camarón 'Mr C.I.' y consiguió, antes de despedirse que todo el público cantara con él el estribillo de 'la Tarara', otra de esas piezas que habitualmente ocupan el momento estelar en todos sus conciertos. Al final Chano salió airoso y por la puerta grande de la difícil faena de llenar 90 minutos a solas con un piano.
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