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Texto y fotos: Prensa Festival de Jazz de Granada.
Bebo Valdés abre en Granada su gira andaluza
El anciano pianista cubano Bebo Valdés actuó en la noche del 6 de noviembre en el Tabaco Blues, festival paralelo dentro de las actividades del XXV Festival de Jazz de Granada. Unas 2000 personas acudieron a Vegas del Genil para escuchar al legendario pianista escoltado por grupos como Joaquín Malayerba, Otis Grand y Dr. Feelgood, en un programa variado y que duró hasta las tres de la madrugada.
Valdés fue un remanso de paz, sensibilidad y sabor entre tanto guitarrista de blues y rock. La mitad de los protagonistas de 'Lágrimas negras' tocó en Granada el primero de los conciertos que durante este mes va a dar en Andalucía. Tras su participación en el Festival de Jazz de Granada lo hará también en los de Jaén y Málaga.
Bebo es el padre de ese fenómeno del piano que es Chucho Valdés, y ambos se encontraron por primera vez en cuarenta años en el rodaje de la película de Fernando Trueba 'Calle 54', ya que Bebo reside en Suecia desde el triunfo de la revolución cubana. Años transcurrido en el anonimato hasta que el director de cine madrileño lo rescató para su película, haciéndolo hace unos meses de nuevo protagonista de 'El milagro de Candeal.
Sin tener como pareja artística al cantaor El Cigala, este octogenario pianista se mueve entre otras músicas muy diferentes a las que le han hecho merecedor de un Grammy en este mismo año. Con la ayuda del formidable contrabajista Javier Colina y de una sección de percusiones en la que se encuentra también otro hijo suyo, el pianista de Quivican recuerda sus años como pianista de salón, con esa cristalina tibieza que se requiere para ello y una dulzura que solo se obtiene con el paso de los años.

De su conocimiento de la historia de la música cubana da buena muestra el uso que hace de estándares del Son como 'Pare cochero' , 'Son de la loma' o el célebre 'Manisero', remontándose a los tiempos de la influencia francesa a principios del siglo XIX con una contradanza cortesana, origen de toda la música cubana posterior, y recordando los momentos gloriosos de las 'descargas' habaneras bajo la influencia del jazz que llegaba desde los Estados Unidos. En su gama de ritmos utilizó el blues, el chachachá, el ragtime y hasta el boggie, en un concierto problemático de sonido que deslució el interés del pianista por agradar y las manifiestas ganas del público de agradecer su esfuerzo. A pesar de las deficiencias técnicas, Bebo Valdés terminó haciendo cuatro bises ante un público completamente entregado.
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