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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Loquillo: Rockandroll star
Amado y odiado a partes iguales, paradigma de lo evitable para casi una generación de músicos, José María Sanz, Loquillo, no es que sea un superviviente de unos tiempos musicales pretéritos, sino que mantiene en alto, mucho, casi dos metros, el estandarte de si mismo por encima de todo lo demás. No hay otro. Tocó el cielo mayoritario llenando plazas de toros y ahora lo hace en salas de mediana capacidad, sin inmutarse y siempre al frente de la banda de rock and roll con la que soñaba “en el callejón”.
Genio y figura desde que nació para esto de la música hace ya veinte años largos, Loquillo tiene ese pago caro de si mismo que se necesita para ser una estrella, por no decir un divo, algo que en directo se agradece por la in-cuestionable personalidad con que pisa, y fuerte, los escenarios, guste mas o menos o nada. Y en su abundante producción discográfica, por su longitud obviamente con bastante material descartable, hay una colección de canciones que casi son himnos generacionales (‘Cadillac solitario’, ‘Chanel, cocaína y D. Perignon’, ‘Autopista’, etc.) y que cada año amplía con un par de temas de sus nuevas producciones (‘R´n´r actitud’, ‘Cuando fuimos los mejores’) cargados de esa épica barrial, del ‘nosotros y ellos’, que funciona como un banderín de enganche al señalar casi con el dedo.

Entre la dispersión de sus intereses no siempre del agrado de su público y el estigma indeleble de los ochenta, Loquillo ha pasado una etapa algo desorientada, con discos cuestionables y conciertos rutinarios, pero el hallazgo de un tipo deslumbrante como Igor Paskual parece haberlo encarrilado de nuevo hacia el rock an roll del suyo, del de toda la vida, rotundo y expositivo. Paskual y Guille Martín (un gregario de lujo) han inyectado una gran vitalidad a unos Trogloditas que pecaban ya de funcionar por inercia, algo de lo que se beneficia también el talludo líder que parece revitaminado nuevamente y gustoso de dirigir (incluso en sentido literal) una banda muy poderosa.
Pasando casi todo el concierto en el foso, al lado del público, gastando pose y dejándose tocar y fotografiar, Loquillo triunfó absolutamente ante un público que ya no es tan numeroso como el de antes, pero es que tampoco el rock and roll es la música que mueve montañas, como él dice, es sólo ‘arte y ensayo’; y el bar de “Mi calle” con seguridad sea actualmente un pub de diseño.
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