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Texto
y foto: Juan Jesús García
Probablemente el grupo más divertido del mundo
Lo del nombre es pura mentira, de punk nada. Se trata de un grupo de tipos malencarados, modelo cine negro años cincuenta, con una obsesiva intención: divertir. Nada que interese, por ejemplo, a los seguidores la noche anterior del existencialismo impresionista de Piano Magic: pachanga dirían, pero sí al resto de los mortales que no se quieren pasar toda la vida sufriendo.
El quinteto tiene un pasado roquero muy notable que imprime carácter a sus interpretaciones, reinventadas a partir de músicas populares de varios continentes, algo así como ocurriera hace años con Los Coyotes en su descubrimiento del tango. Es precisamente la parte milonguera la más evidente de su repertorio, por razones que no hace falta explicar, pero cuando se salen de este esquema, con referencias balcánicas, napolitanas, swingueantes, etc. retoman un camino menos usado. En algunos momentos traen a la memoria el espíritu cabaretero que tanto juego le ha dado a Tom Waits, en otros las ensoñaciones juguetonas de Mastretta se hacen presentes, y en el resto la fiesta por la fiesta justifica un cancionero que nos resulta familiar aunque no hubiésemos nacido siquiera cuando, sin ir más lejos, sonaba el, Minnie the Moocher del genial Cab Calloway que interpretan en su parte más deslumbrante. Intentos de unir lo imposible ha habido muchos, pero en este aparece una sensación de naturalidad y fluidez que sugiere que el blues, la fanfarria o un tarantela entre otros nacieron en las mismas tabernas.
Letras arrebatadas, personajes bolerísticos, vividores guapeaos y ambientaciones portuarias despiertan en el respetable ganas de trajearse, coger el Stetson del abuelo y salir a la pista de baile, de cuando se bailaba agarrao exactamente. Algo que ellos fomentan con intención y un considerable bullicio escénico que con firma que ellos se lo pasan exactamente igual de bien trabajando. El grupo más divertido del mundo, probablemente. Una jubilosa explosión de alegría que en lugares propicios como el Festival de Zaidín pueden resultar imbatibles.
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