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Texto
y fotos: Juan Jesús García.
El compositor carioca recorrió la historia de la música de Río
Influenciado por el jazz y la bossa nova desde los comienzos de su carrera, el cantante, pianista y compositor Ivan Lins es una de las principales estrellas de la música brasileña, y sus composiciones las han grabado, entre muchos otros: Manhattan Transfer, George Benson, Quincy Jones, Ella Fitgerald, Sarah Vaughan, Barbra Streisand, Terence Blanchard, Lee Ritenour, o The Crusaders. En el kiosco de discos del festival Jazz en la Costa estaba uno de los varios discos de versiones que le han dedicado, el que recibió el Grammy por la interpretación de Sting de 'Soberana rosa', canción que interpreto justo en el centro de sus dos horas de concierto.
El astro carioca dedicó este concierto a la memoria de Antonio Carlos Jobim, "el mejor cronista de la vida y el amor en mi ciudad" dijo, interpretando un paquete de canciones suyas en las que figuraba el exquisito 'Dindi'. Con un sonido muy propio de los años sesenta en cuanto a timbres y un planteamiento cercano al pop, Lins fue de menos a más en su intervención en el festival sexitano, aproximándose al concepto del cantautor en buena parte de sus interpretaciones, melosas y cercanas con ese tono de voz que han descrito como "dulce y apasionado" y que debe resultar imbatible en el regate amoroso corto. A pesar de la sencillez aparente de lo que el público escuchaba, la complejidad armónica y la sofisticación de la música de Lins ha sido y es proverbial, y fue el arma que le ha permitido cautivar a los más grandes intérpretes de del mundo. Lins hace fácil lo difícil.
Si en la primera parte primó el romanticismo de clase alta propio del autor, en la segunda parte tras el recuerdo a Jobim, el samba-jazz se hizo protagonista animoso de su concierto como si hablásemos de una marcha fúnebre del amor en Nueva
Orleáns, melancolía al principio y vitalidad desatada de regreso. Para terminar con las poderosas notas del 'Birdland' de Weather Report a modo de sintonía apoteósica final frente a un 'banderal' amarillo y verde que habían traído los numerosos brasileños, para más insistencia vestidos con la camiseta de la selección ganadora del campeonato mundo.
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