 Texto: Juanma Cantos Foto: Sitoh Ortega
Para finalizar esta edición de EtnoSur la organización nos reservaba lo mejor, una propuesta que pasaba por distintos conceptos del flamenco, de producción propia, que unía en el escenario de EtnoSur, bajo el acertadísimo epígrafe de “Flamencos, Siglo XXI”, a varios artistas que nunca antes se habían subido juntos a un escenario.
Por primera vez, una noche dedicada al flamenco en EtnoSur, mostrando a los asistentes el talento de varios de los artistas más comprometidos con la heterogeneidad en una música no siempre bien fusionada como es el flamenco.
Huyendo de la comercialidad y de la rumbita fácil, tan extendida en las listas de éxitos veraniegas, el espectáculo fue de lo mejor que hasta hoy se ha visto y disfrutado en EtnoSur.
El trío con mayúsculas del jazz español, formado por Jorge Pardo, Tino di Geraldo y Carles Benavent, saxo, bajo eléctrico y batería, dejaron claro que el jazz y el flamenco, como todas las músicas exhibidas en EtnoSur, son patrimonio de diferentes culturas y pueden, con mimo y talento, combinarse a la perfección.
David Peña “Dorantes” mostró cómo el piano puede ser un instrumento flamenquísimo, abriendo caminos a sonoridades señoriales y mágicas, dentro de una línea intimista poco dada a la floritura, pero cargada de detalles en sus melodías. Todo un lujazo.
Y qué decir de un torbellino de alma gitana como la de Diego Carrasco, haciendo que el público notase toda la fuerza del flamenco, respetando lo clásico, pero aventurándose en historias de arrebatadora originalidad.
Y si interesantes fueron los artistas en solitario, la mezcla en el escenario resultó toda una gozada. Ver cómo los artistas combinaban experiencias y formas de entender el flamenco, en un ambiente receptivo, toda una lección.
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