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Texto: Departamento de
Promoción y Turismo del
Ayuntamiento de Alcalá la Real.
Foto: Diputación de Jaén.
El paisaje de Alcalá la Real es
un mar de olivos con pinceladas
de encinas, pero, sobre todo, es
un espacio modelado por el
hombre.
Posee el misterio de la
dualidad. Sus dos cerros, el de
Las Cruces y de La Mota. La
ciudad alta en la fortaleza, y
la nueva, en el llano. El campo
y la urbe, la tradición y la
vanguardia. El tiempo y el
silencio.
Tiempo para recorrer rincones y
calles, lugares encantados.
Silencio en la Fortaleza de La
Mota que le conducirá
majestuoso y soberbio por
leyendas de pasión, de batallas
y conquistas que han quedado
presas entre sus murallas.
Encontrarás un pueblo cortés y
hogareño, que ha heredado la
humildad del campesino y el
orgullo del que trabaja para
sí, con austeridad, sin más
ambición que prosperar
lentamente, sin ostentaciones.
Sólo hay licencia para el
derroche cuando se comparte: en
la boda, en la fiesta, en la
hermandad.
Será un descubrimiento único
como la propia Alcalá.
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