|

Textos:
Paco Salas / Consorcio
Sierra Sur de Jaén.
Fotos: Diputación de Jaén.
Para
aproximarnos un poco al entorno
de EtnoSur, aquí os dejamos
unos apuntes sobre la historia
de Alcalá la Real, que
esperamos os sirvan de
aperitivo. Si este os despierta
el hambre, pues eso, acercaros
aquí a comeros este gran guiso
que se llama EtnoSur.
Alcalá la Real es una de las
poblaciones con mayor esencia
andalusí en su historia. Su
propio nombre, como tantos
otros, deriva de la voz árabe Qalat,
población fortificada. Una
ciudad de vocación fronteriza,
llave del Valle del Guadalquivir
y de la Vega de Granada. Una
llave es el símbolo que aparece
en el centro de su escudo. La
llave de una puerta que
conocían los pobladores
prehistóricos, íberos y
romanos, y que los árabes
hicieron suya durante más de
seiscientos años, configurando
el orden de la ciudad en torno a
su joya más preciada, su
fortaleza. Es durante el siglo
XII cuando se alcanza el mayor
apogeo del pasado andalusí en
Alcalá, antes de caer, después
de cambiar de manos
alternativamente, en poder de
los cristianos. Desde aquí
partieron los Reyes Católicos
para recibir las llaves de
Granada.
Alcalá era la llave del sistema
defensivo de la frontera,
conectada a los castillos de
Alcaudete y Locubín, y a una
serie de torres atalayas, de las
que se conserva la mayoría. En
la Fortaleza de la Mota hay dos
recintos diferenciados, la
alcazaba y la iglesia abacial.
La primera, y las tres torres
que la forman (Campana, Mocha y
del Homenaje) en torno a un
patio de armas, constituye el
recinto militar de la antigua
ciudad musulmana asentada en la
Mota. Peñas y rocas se engarzan
con la muralla, con siete
puertas de acceso, a cuyos pies
se extendía el pueblo. En la
torre del Homenaje existe un
museo local. La iglesia abacial
de Santa María la Mayor, en una
explanada del castillo, es de
estilo renacentista plateresco.
Se han descubierto en la nave
restos de la primera iglesia
gótica, tumbas y criptas y dos
aljibes romanos.
En los siglos XVI y XVII la ciudad comienza a crecer a expensas de la fortaleza de La Mota. El crecimiento del tejido urbano y monumental renacentista, a espaldas de la fortaleza, se debe tanto a la euforia producida por la conquista de Granada como al auge económico que Alcalá y la provincia de Jaén viven en ese periodo. El itinerario de iglesias que se levantan es indicador de la nueva expansión: se empiezan a edificar cinco conventos, tres de religiosas y dos de religiosos, y una serie de iglesias o ermitas que, o bien se construyen de nuevo, como la de Veracruz, o se amplían o modifican como la de Santa Ana o San Juan Evangelista. El Llanillo se configura ya como la zona urbana alternativa a las alturas de la Mota. Entre tanto, en 1564, ya había desaparecido el primer palacio abacial, signo inequívoco del declive del antiguo poder de los abades, herederos de la ciudad medieval y murada.
Pero fue en el siglo XVIII cuando se precipitó la crisis de ruptura entre el histórico recinto de La Mota, ahora bajo la hegemonía de la Abadía, y se sancionó la configuración de la nueva ciudad con una clara vocación funcional y una orientación municipalizadora. En el 1705 se planteó un pleito entre la Abadía y el municipio con ocasión de que el Ayuntamiento, para potenciar la expansión y desarrollo del núcleo urbano, ordenó la demolición del viejo presidio, así como de otras edificaciones públicas, y proyectó la construcción de una nueva cárcel, instalada en la Torre del Farol, lo que motivó el despoblamiento de las pocas casas particulares que aún quedaban en La Mota así como el definitivo aislamiento de su iglesia mayor, que dejaba así de ser el centro de ceremonias religiosas, procesiones y festejos.
Frente a la estructura concéntrica de La Mota, de difícil acceso, de recinto defensivo protegido por tres cuerpos de murallas y siete puertas, en el siglo de la Ilustración se hace patente la expansión de la población desde las laderas del monte hacia los llanos con un urbanismo regulado por ejes viarios rectos y perpendiculares. Hacia mediados de siglo se inicia la construcción de la iglesia de San Antón, lindando con el paseo, y, poco después, paralelamente al Llanillo, en la pendiente de La Mota, la iglesia de las Angustias, la obra más valiosa de la arquitectura dieciochesca alcalaína. También el palacio Abacial adquirió su perfil actual pero, sin duda alguna, fue el edificio de las Casas Consistoriales el que se convirtió no sólo en emblema de la municipalidad sino también del nuevo urbanismo. La plaza del Ayuntamiento, convertida en el centro de la ciudad, se organizó en forma rectangular con unas dimensiones de 66 por 40 varas incluyendo, además de las Casas Consistoriales, la alhóndiga y pescadería. En su centro, actualmente, se puede contemplar el monumento a Martínez Montañés, obra de Jacinto Higueras.
Desde la torre del homenaje del castillo se aprecia bien cómo la ciudad fue emancipándose y creciendo extramuros de La Mota. Primero, a través de círculos concéntricos y empinadas calles en donde de forma irregular se levantaban casas populares, blancas por la cal y cubiertas por teja árabe. También ordenadas en torno a largos ejes que generaban otros paralelos: el del Llanillo, donde abundan casas regionalistas y modernistas o el paseo de los Álamos dando verdor a la ciudad y apuntando hacia ese otro gran eje en dirección a Granada, de donde han ido saliendo ramificaciones para la creación de servicios educativos, sanitarios y sociales y se ha ido levantando un modelo de arquitectura de pisos comunitarios y verticalizados.
Alcalá la Real está declarada "Conjunto Histórico Artístico" desde 1967.
|