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ETNOSUR 2MIL3

Tocado por los dioses

Pasacalles. Foto: Sitoh Ortega
Texto: Raquel Hernández.
Fotos: Sitoh Ortega


Tocado por los dioses

Así es. En la séptima edición de los Encuentros Étnicos en la Sierra Sur de Jaén, ni los dioses pudieron resistirse a los encantos de este festival celebrado en Alcalá la Real (Jaén, España) durante el 18, 19 y 20 de julio de 2mil3. Se hicieron de rogar, pero en la noche del domingo, después de tres días en los que predominaron los colores, sabores, sonidos y olores de otros mundos, aparecieron. Allí estábamos todos, participando un año más en los Encuentros Étnicos y ellos no podían perdérselo. Fue la anécdota del festival, pero una anécdota que dice mucho de lo que ha llegado a convertirse EtnoSur. Los encargados de conectar con el más allá fueron los colombianos Palo q´Sea (el único grupo que ha repetido en los siete años de festival, por algo será) que, en sus pasacalles, algo descomunal, lleno de luz y color, invocaron al Dios de la Lluvia. La Bruja Claudia, con su fuerza y pasión, que llegó a activar al más inmóvil de los presentes, hizo su conjuro y en ese preciso instante un rayo iluminó el cielo negro y su estruendo dejó boquiabierto a todo aquel que presenció este instante que rozó la dimensión de lo sobrenatural. Pero esto no fue todo: terminó el pasacalles y con él, el agua, que sirvió también para refrescarnos en el empujón final de la noche del domingo, tras la ola de calor del viernes y el sábado. 
Joe y Arto. Foto: Sitoh Ortega
Los genios

Algo tan increíble, mágico y al mismo tiempo tan emocionante sólo se vio superado por la actuación del gran Joe Zawinul y su Zawinul Syndicate. Tras el pasacalles y la lluvia, a sus 71 años, y después de atravesar media Europa en autobús para llegar a Alcalá la Real, el mítico Zawinul sorprendió a propios y extraños. Pero sin duda, el momento más emocionante fue el que tuvo como banda sonora el tema You want some tea, grandpa?, que Arto Tuncboyaciyan y el mismo Zawinul interpretaron juntos. Pero antes, el armenio ofreció un concierto íntimo con toques jazzísticos y acompañado de su banda, The Armenian Navy Band, que nada tuvo que envidar a las más grandes orquestas. 
Pero volviendo al punto álgido de la noche del domingo, la presencia de Joe y Arto sobre un mismo escenario provocó un momento único, irrepetible y que humedeció las pupilas a más de uno. Esa canción improvisada y al mismo tiempo perfecta en su ejecución, esa complicidad en el escenario y el aura que transmitieron, incluso hasta a los que nunca habían oído hablar de Zawinul y Arto, basta para reconocer en ellos el toque de la genialidad o del duende como dirían los más flamencos. Pero si alguien estaba emocionado, éste fue Zawinul, sobre todo tras el encuentro con Arto al que no veía desde hace tres años. La magia de los genios y dioses volvía a aparecer en EtnoSur.

Las sorpresas

Fue la mayor recompensa por haber resistido tres jornadas maratonianas. Pero rebobinemos. ¿Qué pasó el viernes? El primer día estaba dedicado a grupos latinoamericanos en España y sobre los escenarios estuvieron las argentinas Tamboro Mutanta, los Palo q´Sea, la orquesta cubana Salsa de Reyes y la gran sorpresa: los Zum-Zuêh. Fueron los últimos, y mereció la pena esperar hasta las dos de la mañana. La banda del brasileño Fernando Marconi rompió. Una banda formada por más de 20 jóvenes dispuestos a dar guerra, mucha guerra con sus tambores a las órdenes de su maestro, el gran Marconi. Un espectáculo bien hecho que evidencia la constancia y el trabajo de de meses y meses, irremediablemente se descubre por sí solo. Y el ejemplo son los Zum-Zuêh. No sabría decir quienes estaban más ilusionados: el público o los Zum-Zuêh... ¡Qué músicos, qué voces y qué bailarines! Ni las piedras del recinto ferial pudieron resistirse a las batucadas. Los Zum-Zuêh son pura energía, sincronización, trabajo y buena música. Enhorabuena.
Delbiche. Foto: Sitoh Ortega
¿Y el sábado? Un nombre: el programador y músico turco Mercan Dede y su delbiche que giraba, giraba y giraba. No sólo su bailarina entró en trance, todos lo hicimos ayudados con una puesta en escena realmente sorprendente. De nuevo parecía que estábamos rozando lo sobrenatural, más aún cuando algunos privilegiados descubrieron el rostro angelical de la delbiche. Pero a Mercan Dede and Secret Tribe le precedieron Elbicho. Su cantante movió y se movió por bulerías, seguidillas y tanguillos. Se comieron el escenario en una noche que prometía. Después de ver la que montaron estos últimos y Mercan Dede, ¿pero alguien se podía atrever a seguir con una noche que empezó con el listón tan alto? La respuesta la encontramos en los Sheva, que se pusieron las pilas después de ver a Mercan Dede. Este grupo, que nació en las colinas de Galilea, integrado por músicos israelitas y musulmanes fueron los primeros en llegar a Alcalá la Real. Ya el jueves, en la víspera de la primera jornada del festival, ofrecieron un concierto acústico en el Templete del Paseo de los Álamos. Fue el aperitivo del festival. Ya entonces nos dejaron con buen saber de boca. Los Sheva supieron conducir su actuación hasta hacer bailar y cantar en hebreo al público. Sus canciones sólo tienen un mensaje: la paz, el respeto y el amor entre los hombres. El ritmo y la fuerza de sus temas fueron creciendo hasta llegar a su "Shalom", con el que el público cayó rendido a sus pies. La delicadeza y sencillez de un primer momento se convirtió en fuerza y energía, mucha energía, y además, de la positiva. 
Finalmente el sábado se cerró con Dusminguet. Jugaban en casa y lo tenían todo ganado. Con sus rumbas, que recordaban a las verbenas típicas de los pueblos de media España, hicieron bailar hasta a los componentes de Sheva y al mismo Mercan Dede. Esta es otra estampa a resaltar. La admiración que los diferentes músicos mostraron entre sí, y sin ningún pudor. Los Dusminguet salieron varias veces al escenario, aclamados por un público que no paró ni un minuto y que se subía al escenario una y otra vez, como si fuera imposible repeler la atracción magnética del acordeón de los Dusminguet. Mucha fiesta, pachanguera, pero fiesta.

Por último, el domingo con el pasacalles mágico de Palo q´Sea y los genios de Arto, con su Armenian Navy Band, y Joe Zawinul, nos dejaron sin palabras. 
Río San Juan. Foto: Sitoh Ortega
No sólo música 

Pero la música no fue la única protagonista. Los debates en el foro; los puestos de artesanos en el Zoco; la comida del Pipiripao; los talleres de danza, software libre, meditación y respiración, música, circo y artesanía; los cuentacuentos; exposiciones; radio; los números del nuevo circo; los documentales de Latinoamérica; el cine; el teatro; las tardes en el paseo con la música de Dj Kaderas y las actuaciones espontáneas; o los conciertos de folk en la fortaleza de La Mota ocuparon la programación de los tres días con un éxito rotundo de participación. Porque en EtnoSur el público participa, no son meros espectadores. Se cuenta con ellos. La programación comenzaba a las 11 de la mañana y se diversificaba a lo largo del día hasta la noche, cuando los músicos tomaban los escenarios. 
Pero tampoco se puede olvidar una imagen que es la que impacta a todo visitante que asiste por primera vez a EtnoSur. El pueblo de Alcalá la Real formando parte del Festival. EtnoSur es para toda la familia y así se puede ver en cualquier rincón de la ciudad alcalaína. Un ejemplo, el Paseo de los Álamos. Público venido de diferentes puntos del territorio nacional, incluso del extranjero, compartiendo las actuaciones en el Paseo de los Álamos con los mayores de Alcalá, algunos de ellos acompañados por sus nietos. Una imagen que habla de una ciudad abierta, moderna, acostumbrada a lo largo de su historia a ser frontera y lugar de paso de diferentes civilizaciones. Y ahora, en el siglo XXI, vuelve a ser el escenario que sirve para mostrar otras culturas. Alcalá la Real vuelve a acoger las manifestaciones de otros pueblos y otros mundos, demostrando que "otro mundo es posible" en un contexto donde el respeto y la tolerancia son los primeros y absolutos protagonistas. 
Y así es EtnoSur. No tiene razón de ser sin Alcalá la Real. La silueta de la Fortaleza de La Mota que desde las alturas nos guarda, el Palacio Abacial, el Convento Capuchinos, el Paseo de los Álamos, la Casa Pineda, el teatro Martínez Montañés, y así todos los rincones de Alcalá la Real han quedado para siempre impregnados de EtnoSur. Y EtnoSur de la historia que guarda las piedras de Alcalá. Imposible imaginar EtnoSur en otro sitio que no fuera Alcalá la Real. 

Hasta el 2mil4

Demasiadas cosas, demasiado buenas y poco tiempo para poder disfrutarlas. Pero mejor así. Mejor quedarse con las ganas de más EtnoSur. Quizás por eso cuando el lunes se echaba la llave a la edición de 2mil3 sólo se escuchaba: "Hasta el año que viene". Qué más da quién venga a tocar en el 2mil4, quién más da quien venga al foro, o al templete de los cuentacuentos o al circo. EtnoSur tiene su personalidad propia. Se sabe de qué va, confiamos en Etnosur, hasta los dioses confían en EtnoSur. Por eso, a Alcalá la Real y a su fortaleza de La Mota: hasta el año que viene. Nos vemos en Alcalá.
     

 Más información sobre EtnoSur en Internet:
 Web oficial: www.etnosur.com
 

 
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